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"LA FORMACIÓN A LO LARGO DE LA VIDA: CÓMO ELEGIR BIEN EN CADA MOMENTO", EDUCAWEB - ANTONI NAVÍO
"LA FORMACIÓN A LO LARGO DE LA VIDA: CÓMO ELEGIR BIEN EN CADA MOMENTO"
Antoni Navío, Doctor en Pedagogía y Vicepresidente del COPEC.
A lo largo de nuestra vida, en momentos muy diversos, nos encontramos ante una misma pregunta esencial: ¿qué camino formativo debo seguir ahora? Tanto si nos la planteamos a los 16 años, ante la elección del bachillerato o la Formación Profesional, como si lo hacemos a los 40, pensando en un máster o en un curso de reciclaje profesional, la pregunta es la misma. Sin embargo, las respuestas no lo son. Porque las circunstancias, las necesidades y los contextos cambian radicalmente.
¿Existe una formación ideal para cada etapa de la vida? La respuesta corta es: depende. La respuesta larga es la que intentaremos desgranar en este artículo: qué elementos hay que tener en cuenta, qué información necesitamos y quién puede proporcionárnosla, y de qué manera la orientación puede ser un recurso clave para tomar decisiones formativas más acertadas.
Formación y etapas vitales: no existe una talla única
Al hablar de etapas, conviene romper un mito muy extendido: la idea de que la formación es cosa de jóvenes. Durante décadas, el modelo educativo dominante asoció la formación con la primera parte de la vida —la infancia, la adolescencia y la juventud— y el trabajo con la madurez. Hoy sabemos que ese modelo ha quedado obsoleto.
El concepto de aprendizaje a lo largo de la vida (lifelong learning) reconoce que las personas aprenden y necesitan aprender en todas las etapas vitales. Pero eso no significa que todos los formatos y todos los contenidos sean adecuados para todo el mundo en cualquier momento. Cada etapa tiene sus propias lógicas y prioridades:
- En la adolescencia y la juventud, la formación reglada —ESO, bachillerato, ciclos formativos y grados universitarios— desempeña un papel central en la construcción de la identidad profesional y personal. La exploración es legítima y necesaria, especialmente cuando la oferta formativa es muy variada y, en ocasiones, muy novedosa.
- En la adultez temprana, con frecuencia se busca consolidar o cambiar de rumbo: másteres, especializaciones y formación complementaria que permita avanzar en la carrera profesional o reinventarse laboralmente.
- En la madurez, las motivaciones pueden ser diversas: actualizar competencias, responder a los cambios del mercado laboral, acceder a nuevas responsabilidades o, simplemente, satisfacer una curiosidad intelectual postergada.
- En la vejez, la formación adquiere una dimensión diferente: social, de mantenimiento cognitivo, de participación cívica y de realización personal. Las universidades para personas mayores o los programas de formación permanente son buenos ejemplos.
Por tanto, no existe una formación ideal en términos universales, pero sí una formación adecuada para cada persona en función de su momento vital, sus motivaciones, sus recursos y sus objetivos.
¿Qué criterios ayudan a elegir la opción más adecuada?
Ante una oferta formativa cada vez más amplia, diversa y, a menudo, desconcertante, disponer de unos criterios claros es fundamental para no perderse. Estos criterios pueden agruparse en tres dimensiones:
1. Dimensión personal
- Motivación e interés genuino: aprender aquello que realmente nos interesa tiene un impacto directo en la perseverancia y en los resultados.
- Disponibilidad de tiempo y energía: la formación exige un esfuerzo sostenido. Es necesario ser realista sobre la dedicación posible.
- Estilo de aprendizaje: hay personas que aprenden mejor en entornos presenciales, con interacción, y otras que prefieren la flexibilidad de la formación en línea.
2. Dimensión profesional y formativa
- Relevancia para el proyecto profesional: ¿en qué medida la formación elegida contribuye a los objetivos laborales o académicos de la persona?
- Reconocimiento y acreditación: una titulación oficial, un certificado de profesionalidad o un diploma de una institución reconocida no tienen el mismo valor en todos los contextos. Es importante saber para quién y para qué sirve esa credencial.
- Calidad pedagógica del programa: no todas las ofertas formativas se diseñan con el mismo rigor. Conviene analizar el plan de estudios, el perfil del profesorado y la metodología, así como la institución promotora de la formación.
3. Dimensión contextual y práctica
- Coste económico y ayudas disponibles: la formación puede suponer una inversión significativa. Becas, bonificaciones de FUNDAE o ayudas de la administración pueden marcar la diferencia.
- Accesibilidad geográfica o en línea: la ubicación del centro, la modalidad y los horarios condicionan la viabilidad real.
- Red de contactos y conexiones: algunos centros aportan, además del aprendizaje, una red profesional o de investigación de gran valor.
¿Qué información necesita una persona para elegir?
Uno de los principales errores en la toma de decisiones formativas es decidir con información incompleta o sesgada. Con frecuencia actuamos a partir de impresiones, comentarios del entorno o imágenes estereotipadas de una profesión, un centro o una institución. Pero decidir bien requiere acceder a datos contrastados y relevantes.
Sobre el programa formativo
- Qué contenidos se imparten y con qué profundidad.
- Qué competencias se desarrollan y cómo se evalúan.
- Cuáles son los requisitos de acceso y el perfil esperado del alumnado.
- Cuál es la duración, la modalidad y la carga real de trabajo.
Sobre el centro o institución
- Cuál es el prestigio y el reconocimiento de la institución en el sector.
- Qué recursos pone a disposición (bibliotecas, laboratorios, prácticas).
- Qué resultados de inserción laboral o de continuidad académica obtiene el alumnado graduado.
Sobre el contexto laboral y social
- Cuál es la demanda real de profesionales en ese ámbito.
- Qué salidas profesionales ofrece y en qué sectores.
- Cómo evoluciona la profesión a corto y medio plazo ante los cambios tecnológicos y sociales.
Esta información puede obtenerse a través de múltiples fuentes: portales oficiales de universidades y centros de formación, observatorios del mercado laboral, redes profesionales como LinkedIn, testimonios de antiguos alumnos y servicios de orientación especializados. La clave es contrastar las fuentes y no confiar únicamente en una sola perspectiva.
¿Cómo puede ayudar la orientación a tomar mejores decisiones?
La orientación educativa y profesional es, probablemente, el recurso más infrautilizado en el proceso de toma de decisiones formativas. A menudo se percibe como un servicio destinado a jóvenes en momentos de transición escolar, pero su utilidad es mucho más amplia.
Un buen proceso de orientación, liderado por un o una profesional de la Pedagogía, no consiste en "decirle a alguien lo que tiene que hacer". Consiste en acompañar a la persona en un proceso de reflexión sobre sí misma —sus intereses, valores, capacidades y limitaciones— y sobre el contexto, para que pueda tomar decisiones más autónomas y fundamentadas.
En concreto, la orientación y el o la profesional de la Pedagogía pueden ayudar a:
- Clarificar el proyecto personal y profesional: muchas veces el principal obstáculo no es la falta de información, sino la falta de claridad sobre lo que uno quiere o valora. La orientación abre un espacio para esa reflexión.
- Identificar fortalezas y áreas de mejora: un buen autoconocimiento es la base para elegir con acierto. Los instrumentos de evaluación de intereses, aptitudes y valores profesionales pueden ser herramientas muy útiles.
- Ordenar las opciones y establecer prioridades: ante la complejidad de la oferta, el profesional de la Pedagogía orientador ayuda a organizar las alternativas en función de los criterios personales de cada individuo.
- Superar bloqueos emocionales: miedo al fracaso, síndrome del impostor, indecisión crónica... Muchas personas no eligen por falta de información, sino por factores emocionales. El profesional de la Pedagogía también puede abordar esta dimensión.
- Acceder a recursos y oportunidades: el profesional de la Pedagogía orientador conoce la oferta formativa, los programas de apoyo, las ayudas y las vías de acceso, lo que permite ahorrar mucho tiempo en la búsqueda de información.
La orientación, con su marcado valor añadido pedagógico, no es un lujo ni un servicio exclusivo para momentos de crisis. Debería ser un derecho accesible para todas las personas a lo largo de toda su vida formativa y laboral.
Decidir con criterio es posible
Elegir la formación adecuada en cada momento de la vida es un proceso complejo que combina autoconocimiento, información de calidad y capacidad de reflexión. No existe una única respuesta correcta para todo el mundo, pero sí formas más fundamentadas de llegar a la propia respuesta con un adecuado acompañamiento pedagógico.
Conocerse bien, informarse con rigor y, cuando sea necesario, recurrir a profesionales de la Pedagogía con perfil orientador. Estas tres claves, aunque no garantizan que la decisión sea perfecta, sí ayudan a tomarla con los ojos abiertos y desde la libertad que proporciona el conocimiento.
Porque, al final, el mejor curso, el mejor grado o el mejor centro no es el que aparece en el primer ranking que encontramos en internet. Es el que mejor se ajusta a quiénes somos, a lo que queremos y al momento en el que nos encontramos.
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Fecha de publicación: 23/7/2026





