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AUSENCIAS CLAVE DEL DEPARTAMENT D’EDUCACIÓ EN “LOS NUEVOS AGENTES EDUCATIVOS”

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“LOS NUEVOS AGENTES EDUCATIVOS: UNA OPORTUNIDAD PARA REFORZAR LA ESCUELA INCLUSIVA…

Y UNA AUSENCIA QUE TODAVÍA PESA”

El Departament d’Educació ha anunciado recientemente el despliegue de nuevos agentes educativos y profesionales de apoyo de cara al próximo curso. La medida llega en un momento especialmente sensible para el sistema educativo catalán: aumento del alumnado vulnerable, crecimiento sostenido de las necesidades educativas específicas, llegada constante de alumnado recién llegado y una preocupación cada vez más evidente por el bienestar emocional y el fracaso escolar.

Las nuevas dotaciones —psicopedagogos en los EAP, profesionales de los CRETDIC, integradores sociales, figuras sanitarias o refuerzos en los centros de educación especial— son, sin duda, una buena noticia. Muestran una administración que reconoce que la escuela del siglo XXI necesita equipos multidisciplinares y que educar hoy implica mucho más que transmitir contenidos curriculares, aunque estos sean necesarios.

Ahora bien, también es cierto que muchos de los recursos anunciados continúan teniendo un carácter reactivo o compensatorio. Responden a necesidades urgentes y reales, pero todavía cuesta ver una apuesta decidida por transformar las causas profundas que generan desigualdad educativa y desconexión con el aprendizaje.

Las barreras del aprendizaje van mucho más allá del aula

Durante años, las políticas educativas confiaron en que ampliar la escolarización sería suficiente para reducir desigualdades sociales. Pero la realidad ha demostrado que no todos los niños llegan a la escuela con las mismas condiciones para aprender.

El Departament d’Educació i Formació Professional pone sobre la mesa el concepto de educabilidad: la idea de que el aprendizaje no depende únicamente de las capacidades individuales, sino también de las condiciones sociales, emocionales y contextuales que rodean al niño. Estas condiciones pueden organizarse en cuatro grandes bloques:

1. Las condiciones básicas de subsistencia

Es difícil hablar de éxito escolar cuando un niño vive situaciones de inestabilidad habitacional, falta de alimentación adecuada o problemas de salud no atendidos.

Cada vez más escuelas se encuentran gestionando realidades de pobreza que impactan directamente en la concentración, la asistencia regular, la regulación emocional y la capacidad de aprender. La escuela se convierte a menudo en el espacio que compensa aquello que socialmente no se está garantizando.

Por eso las nuevas figuras sociales y sanitarias son importantes. Pero también lo es entender que estas situaciones no se resuelven solo con contención: necesitan profesionales que ayuden a construir itinerarios educativos posibles y significativos para estos niños.

2. El entorno familiar y el acompañamiento educativo

El aprendizaje no se construye únicamente dentro de la escuela. Los niños aprenden también a partir de los vínculos, las expectativas y la seguridad emocional que encuentran en su entorno más cercano. Por eso, la relación entre familia y escuela es una pieza fundamental en cualquier trayectoria educativa.

No todas las familias pueden ofrecer las mismas herramientas de apoyo escolar. Hay familias que sostienen situaciones laborales extremas, barreras lingüísticas, precariedad emocional o desconocimiento del sistema educativo.

El acompañamiento a las familias es hoy una de las grandes necesidades invisibles de la escuela catalana. Sería un error interpretar esta realidad desde una mirada culpabilizadora. La mayoría de familias quieren que sus hijos e hijas tengan éxito educativo; lo que cambia son las posibilidades reales de sostener este acompañamiento.

Y aquí es donde la mirada pedagógica se vuelve esencial. El pedagogo/a o psicopedagogo/a puede tener un papel clave en esta tarea. No solo interviniendo ante dificultades concretas, sino favoreciendo una cultura educativa compartida entre escuela y familia. Una figura capaz de traducir necesidades, mediar expectativas, orientar estrategias educativas y reforzar el vínculo emocional con el aprendizaje.

3. Los recursos escolares básicos

Todavía hoy hay niños que llegan a la escuela sin disponer de las mismas oportunidades materiales que sus compañeros: falta de material escolar adecuado, dificultades para acceder a dispositivos digitales, imposibilidad de participar en colonias, salidas o actividades complementarias. Estas carencias generan desigualdades silenciosas que a menudo acaban traduciéndose en desmotivación, exclusión y sentimiento de fracaso.

Cuando un niño acumula experiencias constantes de desventaja —no poder seguir una actividad, no tener el mismo material, no participar en determinadas experiencias o sentir que siempre necesita ayuda— aparece progresivamente una sensación de diferencia e inadecuación. Y esta percepción acaba erosionando uno de los elementos más importantes para aprender: la confianza en las propias capacidades.

Muchos alumnos no abandonan emocionalmente la escuela porque “no puedan” aprender, sino porque dejan de sentir que ese espacio también está pensado para ellos.

Es aquí donde la mirada pedagógica es absolutamente clave. Porque la pedagogía no mira únicamente qué le falta al alumno, sino qué necesita el contexto educativo para que ese niño pueda participar, progresar y sentirse competente. La función del pedagogo y la pedagoga no es solo compensar carencias materiales, sino evitar que estas carencias se conviertan en etiquetas de fracaso.

La intervención pedagógica ayuda a detectar cuándo detrás de una aparente desmotivación hay, en realidad, acumulación de frustraciones; cuándo detrás de una conducta disruptiva hay sentimiento de exclusión; o cuándo detrás de un bajo rendimiento hay una ruptura emocional con el aprendizaje.

Esta mirada permite transformar las respuestas educativas. No desde la lógica del déficit, sino desde la construcción de posibilidades.

El pedagogo/a o psicopedagogo/a puede ayudar a los equipos docentes a adaptar metodologías, flexibilizar dinámicas, generar experiencias de éxito y construir contextos donde los niños no sean definidos por lo que no tienen, sino por el potencial que pueden desarrollar. Aprender es también sentirse capaz, reconocido y legítimo dentro del espacio educativo.

4. El contexto educativo

Quizás este sea el factor más determinante y, al mismo tiempo, el más transformable. El documento habla de profesorado de calidad, expectativas elevadas, clima escolar positivo y metodologías adaptadas a las necesidades de niños y jóvenes.

Es aquí donde aparece con más fuerza la necesidad del pedagogo/a dentro de la primaria.

Porque la escuela actual continúa arrastrando estructuras nacidas en un modelo pensado para un alumnado homogéneo. Pero hoy las aulas son profundamente diversas: diferentes ritmos, trastornos de aprendizaje, dificultades emocionales, discapacidades, trayectorias migratorias complejas o necesidades sociales muy diversas que conviven dentro del mismo espacio educativo.

Y pese a los esfuerzos de los centros, muchas veces el sistema continúa funcionando con lógicas uniformizadoras que terminan generando nuevas barreras.

La figura que falta dentro de la primaria

Es evidente que el despliegue de profesionales anunciado responde a necesidades reales. Pero también es evidente que la figura del pedagogo/a y del psicopedagogo/a continúa apareciendo sobre todo en servicios externos: EAP, CRETDIC u orientación en secundaria.

La gran pregunta es: ¿por qué seguimos esperando a que las dificultades sean graves para intervenir?

La primaria es la etapa donde se construye el vínculo con el aprendizaje, la autoestima académica y la motivación escolar. Es también el momento donde muchas dificultades todavía pueden reconducirse antes de derivar en fracaso escolar, absentismo o malestar emocional cronificado.

Incorporar pedagogos y pedagogas a los centros de primaria no significa sustituir a maestros ni duplicar funciones. Significa reforzar los equipos con profesionales especializados en:

  • procesos de aprendizaje y motivación;
  • detección precoz de dificultades;
  • metodologías inclusivas;
  • acompañamiento emocional;
  • coordinación con familias;
  • gestión de la diversidad;
  • prevención del fracaso escolar;
  • y construcción de entornos educativos más equitativos.

No se trata solo de atender al alumnado con dificultades, sino de mejorar el sistema educativo en su conjunto.

Una oportunidad para ir más allá

El Departament d’Educació i Formació Professional habla acertadamente de barreras para el aprendizaje y de la necesidad de una educación inclusiva. Pero la inclusión real no puede limitarse a sumar recursos externos o servicios especializados cuando las dificultades ya son muy evidentes.

La inclusión auténtica necesita presencia estable, mirada pedagógica y trabajo preventivo dentro de los centros ordinarios.

Catalunya tiene maestros extraordinarios y equipos educativos comprometidos. Pero también tiene escuelas tensionadas, profesionales saturados y una sensación creciente de que las necesidades avanzan más rápido que las estructuras de apoyo.

Por eso, el despliegue anunciado es positivo y merece ser valorado. Representa un paso adelante en la comprensión de una escuela más humana e interdisciplinar. Pero al mismo tiempo evidencia una ausencia pendiente: la incorporación estructural del pedagogo/a en la educación primaria.

Quizás ha llegado el momento de dejar de considerar esta figura como un apoyo periférico y empezar a entenderla como un agente central para la cohesión social, la salud emocional y la mejora educativa.

Porque si queremos reducir el fracaso escolar, no basta con reparar cuando el sistema falla. Hay que actuar antes. Y para hacerlo, la pedagogía continúa siendo imprescindible, pero especialmente sus profesionales pedagogos y pedagogas.


Dra. M. Victòria Gómez
Presidenta
Col·legi Oficial de Pedagogia de Catalunya

Fecha de publicación: 11/5/2026