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"EL USO DE PANTALLAS DURANTE LAS TARDES", LA VANGUARDIA - M. TERESA GÀMEZ
LA VANGUARDIA - 04/05/2026
"EL USO DE PANTALLAS DURANTE LAS TARDES"
M. Teresa Gàmez, pedagoga y vocal de Pedagogía y Escuela.
Llegar a casa, dejar la mochila y encender una pantalla es la rutina que muchos niños (y padres) han normalizado. Sin embargo, “el problema no es que el niño vea la televisión en un momento puntual, porque todos de pequeños lo hemos hecho, y de adultos lo seguimos haciendo; sino que esta ocupe de forma habitual el espacio del juego, la lectura, el movimiento y la relación con los demás”, explica a La Vanguardia Maria Teresa Gámez Pérez, pedagoga y vocal de Pedagogía y Escuela del Col·legi Oficial de Pedagogia de Catalunya.
Después de la jornada escolar y/o extraescolar, el niño necesita moverse, jugar e incluso aburrirse
¿Qué tan importante es la rutina de después del colegio para los niños?
El niño, cuando sale del colegio, se encuentra en un momento idóneo para comunicarse con sus padres y hablar de cómo ha ido el día. Dedicar un tiempo a hablar mientras merienda permite generar ese espacio en familia y relacionarse con sus figuras referentes. También es importante considerar que, después de la jornada escolar y/o extraescolar, el niño necesita moverse, jugar e incluso aburrirse. Estar un rato delante de una pantalla no es malo, pero ¿la rutina inmediata al llegar a casa ha de ser la pantalla? Honestamente, la respuesta es no.
¿Qué le ocurre a ese niño que se pone frente a una pantalla al llegar a casa?
La pantalla ofrece una inmediatez en los estímulos que puede situar al niño en una zona de confort. Cuando su uso es excesivo o se convierte en la primera opción cada tarde, puede reducir oportunidades importantes de relación, movimiento, juego, conversación y aprendizaje. Además, no solo cuenta el tiempo de exposición, sino también el contenido al que accede el niño. Por eso, es importante establecer límites claros y procurar que la pantalla no sustituya espacios esenciales de convivencia, diversión, descanso y comunicación familiar.
¿Qué diferencia hay entre un niño que pasa la tarde viendo la televisión y otro que juega, lee o interactúa?
La diferencia principal está en el tipo de participación que realiza el niño. Cuando pasa la tarde viendo la televisión, recibe estímulos visuales y auditivos, pero su papel suele ser más pasivo: observa, escucha y se entretiene. En cambio, cuando juega, lee o interactúa con otros niños o adultos, participa de forma activa en su aprendizaje. El juego favorece la creatividad, la regulación emocional, la tolerancia a la frustración y la resolución de problemas. La lectura desarrolla la atención sostenida, el lenguaje, una comprensión profunda y la construcción de significado. Y la interacción social potencia la comunicación, la empatía, la autorregulación y las habilidades sociales.
¿Qué habilidades deja de desarrollar un niño que consume pantallas a diario?
Más que decir que “deja de desarrollar habilidades”, diría que tiene menos oportunidades para practicarlas. Cuando la pantalla ocupa mucho tiempo cada día, pueden quedar menos estimuladas habilidades esenciales como el lenguaje oral, porque hay menos conversación espontánea, menos turnos de palabra y menos relato de experiencias.
También puede verse afectada la atención sostenida, ya que muchas pantallas ofrecen estímulos rápidos e inmediatos, mientras que leer, jugar, dibujar o realizar una actividad manual exige más calma, espera y esfuerzo.
¿Qué es lo más preocupante?
Desde la pedagogía y la psicopedagogía, preocupan especialmente las funciones ejecutivas: la planificación, la tolerancia a la frustración y la autorregulación emocional. El riesgo no es solo el tiempo de pantalla, sino todo aquello que no se hace o se hace con menos tiempo: juego simbólico, creatividad, motricidad, autonomía, relación social y aprendizaje.
¿Qué diferencias ve entre niños que tienen tardes estructuradas y los que no?
Los niños con tardes estructuradas suelen mostrar más seguridad, autonomía y capacidad para anticipar lo que viene después. Una tarde estructurada no significa llenar la agenda de actividades, sino ofrecer una secuencia clara y previsible.
Desde una mirada pedagógica, la rutina funciona como un organizador externo que ayuda al niño a construir, poco a poco, su propia organización interna. Saber qué toca en cada momento reduce ansiedad, conflictos, favorece la autorregulación y facilita la adquisición de hábitos.
La pantalla suele ocupar los espacios vacíos porque es un recurso rápido y eficaz para entretener
¿Y qué ocurre cuando no se estructuran las tardes?
Cuando no hay una estructura clara, la pantalla suele ocupar los espacios vacíos porque es un recurso rápido y eficaz para entretener. El problema aparece cuando se convierte en la respuesta habitual. Por eso, es importante que cada familia establezca normas concretas sobre tiempos, espacios y momentos de uso, procurando que las pantallas no sustituyan hábitos básicos.
¿Qué advertencia le daría a los padres que normalizan este hábito?
Les diría que no se trata de evitar de manera radical el acceso a las pantallas, pero sí de ser conocedores de lo que sucede cuando sus hijos tienen normalizado este hábito. Que un niño vea una pantalla un rato no es el problema. La dificultad aparece cuando la pantalla se convierte cada tarde en la primera opción, en la forma principal de descanso o en el recurso habitual para que el niño esté tranquilo o entretenido.
También les diría que retrasar la exposición a pantallas en edades tempranas es importante: de los 0 a los 3 años, nada de pantallas. Entre los 3 y los 5/6 años, unos 20 o 30 minutos de televisión con dibujos infantiles adecuados pueden estar bien, regulando después según edad, contenido y momento del día.
No se trata de prohibir, sino de educar y autoeducarse. La tecnología puede tener un lugar en la vida del niño, tanto como entretenimiento como espacio de aprendizaje, pero no debería organizar su tarde. Las pantallas deben ser una opción de momento, no de consumo, rutina y hábito.
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Fecha de publicación: 6/5/2026





